miércoles, 8 de junio de 2016

Ensayo "El Hombre en Busca de Sentido"

Introducción
“El hombre en busca de sentido”, Víctor Frankl.
Consideramos que el hombre no podrá ser feliz jamás si solo se enfocara en las cosas malas de la vida y se angustia ante cualquier percance. Si actúa de esta manera, no podrá ver las pequeñas cosas buenas ni expresar gratitud por sus bendiciones, yéndosele la vida en trivialidades y malos pensamientos.
Cuando analizamos detenidamente la obra del autor nos dice que al preguntarle a varias personas el porqué de no quitarse la vida, llega a la conclusión de que no es porque la gente no quiera suicidarse, sino porque hay personas ajenas a nosotros, importantes en nuestra vida, que nos impiden de alguna manera, el quitarnos la vida.

Pensamos que esto es porque esas personas son tan importantes en nuestras vidas que siempre las queremos ver felices, hacerlos felices y jamás verlos tristes o llorando, por ello pensamos que si nos quitamos la vida, esa gente se pondría triste por nosotros, incluso pueden llegar a sentirse culpables por no haber evitado de alguna forma la muerte, o se quedaran pensando que algo hicieron mal y que no se dieron cuenta de ello. O también un factor que evita el suicidio en la gente es porque tienen la necesidad de cuidar a esas mismas personas que son un elemento importante en su vida, alejarlas de todo peligro y angustia, consolarlos si están tristes  y verlos crecer en cualquier ámbito.
En los últimos años, se ha visto que los índices de suicidios son cada vez más altos, y se dan comúnmente por el aumento de estrés y presión en los ambientes laborales y académicos, las personas ya perdieron ese sentido que había en su vida, muchos ya no se preocupan por las personas que están a su alrededor (padres, hijos, amigos, tutores) ya no es importante, su vida ya no tiene sentido, sus únicas actividades son el trabajo o el estudio y la falta de emoción y adrenalina en su vida hace que la gente se sienta cada vez mas apagada hasta el momento de llegar a ser alguien que solamente respira, no hay vida como tal. Simplemente se dedican a una sola actividad.
Pero también las desgracias son motivo de suicidio, ya que últimamente se han estado presentando varios acontecimientos en el planeta como el terrorismo, la pobreza, la locura de unos seres humanos llegan hasta la vista y el oído de otros que son más sensibles a estas cosas, haciéndoles pensar que el mundo es un lugar lleno de miseria y desgracia en el que nunca se verá un rayo de felicidad atravesando aquellas nubes de tristeza y llanto que rodea la Tierra.
Desarrollo
El libro no escatima en detalles a la hora de describir la situación en que se encontraba Frankl. Inicia con el shock de enfrentarse al campo de concentración. Los esclavos sólo comían algo de sopa, una rodaja de salchicha o un trozo de pan una vez al día.   Tenían que dormir nueve personas en una cama con una manta para todos.  No tenían información de sus familiares ni del mundo exterior.  En cualquier momento podían matarlos.  Soñaban incluso con comida, un baño, una cama.  Como dice Rita María Silva en su ensayo sobre el tema; “Eso me hizo analizar que uno tiene todas esas cosas todos los días de su vida y las da por sentado, como respirar, muchas veces restándoles el valor que realmente tienen. Increíble que uno no valora algo tan simple como poder bañarse, cepillarse los dientes o dormir en una cama confortable, saber de su familia, desvestirse antes de dormir.” Soñar era mejor que la triste realidad que estaban viviendo.   Algunos sentían felicidad de estar enfermos con tal de no seguir siendo explotados en el campo de concentración, trabajando. La enfermería no era precisamente un paraíso, no tenían buenas dosis de medicamentos ni la mejor atención, pero era mejor que estar afuera muriendo lentamente de fatiga. Se parece a la sociedad actual, en el sentido de que muchas personas sueñan con alcanzar una meta, un estilo de vida, y creen que serán felices una vez que alcancen ese ideal; pero  no es así. No es lógico pensar así. ¿Qué tal si el mañana nunca llega, o si las cosas no salen como se planeó? Pero se aferran a esa idea, pues sienten que no tienen nada más, que no pueden ser felices en el único tiempo y espacio que tienen, que es el ahora.
Luego de la fase del shock, los prisioneros se hicieron apáticos, se conformaron a que iban a sufrir y no había remedio. Trataban de evadirse al dormir. Eran condiciones realmente inhumanas. Frankl mismo soñaba despierto con su esposa cuando se sentía solo, que es lo que le llevó a entender la importancia de tener seres queridos, y de cómo pueden ayudarnos a sobrellevar pesadumbres. Que el amor es el fin último del hombre y que sin él, la vida no tiene sentido. Es cierto que aún con tanta necesidad y miseria, el sólo saber que alguien nos ama de manera especial, causa una sensación de una felicidad sin igual, que todo es sobrellevable, aunque sea por un breve momento.  El amor va más allá de la presencia y se ama aún a la distancia. Esto concuerda con terapias de Frankl en tiempos posteriores, que muchas personas se contenían a la hora de querer matarse porque no soportaban la idea de hacer sufrir a las personas que más querían. El ser humano también utiliza el humor como una forma de alejarse de su realidad.  Los prisioneros hacían chistes de lo que les sucedía o de los guardias y con eso olvidaban por un momento lo que estaban viviendo.
Dice el autor, que el sufrimiento, pequeño o grande, ocupa el todo del ser humano.  Se sufre de igual manera no importando el tamaño de la pena. El sufrimiento no tiene límites, siempre se puede sufrir más. De igual manera pasa con las alegrías.  Es por esto que cualquier pequeño problema o alegría nos inunda y nos puede llevar a los extremos.
Sufrían los presos de irritabilidad debido a la falta de sueño y sobre todo a la baja autoestima porque antes de llegar al campo de concentración, eran “alguien”, se les reconocía en lo que cada uno hacía y ahora no eran ni siquiera un nombre, sino un número.  Además, la misma violencia a la que estaban expuestos los hacía ir a veces contra sus propios compañeros. El cansancio era el estado normal. Parecido a la escuela, o incluso algunas situaciones laborales, en que la persona no es más que un instrumento, u otro del montón, y están plagada de responsabilidades sin obtener algo realmente valioso a cambio. Está cansada, y no hay algo que haga que valga la pena el esfuerzo.
Luego de la apatía vino el sentimiento de la ilusión. Siempre guardaban la esperanza de salir de ese lugar, de ser libres nuevamente. El prisionero que perdía la fe en su propio futuro, ya estaba muerto por dentro. La fe es el sostén espiritual tan necesario para cada persona.  El estado de ánimo tiene una estrecha relación con la salud del cuerpo, la persona que se abandona a la tristeza seguramente enfermará, por el contrario la persona que es optimista, que es feliz, llena a su cuerpo de defensas y su funcionamiento es mejor.  El poder de la mente es tan fuerte que lo que uno piensa, se puede llevar a la realidad como fue el caso del prisionero que soñó que el 31 de marzo se acabaría la guerra para él.
Al ver que los días pasaban y no parecía que la guerra terminaba, sintió desilusión lo que se tradujo en bajas defensas para su organismo, esto hizo que su cuerpo no resistiera la enfermedad, la cual se agravó y efectivamente murió el día que en sueños le habían dicho que la guerra terminaría “para él”, al morir, en efecto la guerra terminó para él.  De igual manera sucedió para las fiestas de navidad, los prisioneros tenían la esperanza de ser liberados para esas fechas y al notar que no era así les venció el desaliento. Cuando hay desilusión, cuando no hay un motivo por el cual vivir, el cuerpo se desmorona y se puede causar hasta la muerte.  Se puede morir con el corazón roto ya que se produce una sobrecarga tóxica de hormonas del estrés que se convierte en una cardiomiopatía por estrés, es decir, se enferma el corazón.  Estas personas sufren los mismos síntomas que una persona que tiene un ataque al corazón con la única diferencia que al examinarlos, no presentan daños en las arterias del corazón.  Las personas que se adaptan son capaces de recuperarse en poco tiempo sin dejar daños permanentes al corazón pero los que no logran recuperarse pueden estresar su corazón hasta el extremo de la melancolía, depresión y llegar incluso a morir. Como dice Alejandro Vázquez en su blog, “El cerebro es el motor del cuerpo. Es la parte que le da sentido a y controla la diversidad de músculos en el cuerpo humano. Es la parte que controla las reacciones de los individuos ante determinados estímulos. Así pues, el sistema nervioso hace posible el increíble acto de respirar, sin que tengamos que estar conscientes de ello. Éste le da vida a los latidos del corazón. Y, sin embargo, también le da vida a los pensamientos, emociones, sentimientos, y sensaciones. El cerebro juega una parte muy importante en lo que un ser ve, y la forma en la que lo ve.”
Llegó el momento de la libertad y al estar libres nuevamente, el ver las flores, el campo, sentir el aire libre, éstos carecían de significado ni les provocaba ningún sentimiento porque se habían acostumbrado a vivir de la manera, aunque cruel, que habían vivido los últimos años.  Habían perdido la capacidad de ser felices, tenían que reaprender a encontrarle el gusto a la vida.  Estaban despersonalizados, se sentían como en un sueño, como en tantos sueños que habían tenido donde creían haber sido liberados, haberse encontrado con su familia y de repente un silbato los regresaba a la realidad, a la cruda realidad.  Entonces, al estar nuevamente libres, no podían creerlo.
En esa nueva situación, sentían la necesidad de ejercer su libertad y convertirse en opresores después de haber sido reprimidos, como se ve en Israel y Palestina hasta nuestros días.  Se justificaban en su propia experiencia, en su terrible paso por el campo de concentración.  Nadie debería tratar mal a otros bajo el argumento que así fue tratado. Se amargaban por lo vivido, la gente les decía frases que no querían escuchar, no se sentían comprendidos. Tenían desilusión y necesitaban que se les diera ánimo para encontrar algo por qué luchar en su futuro, que les hiciera soñar con el porvenir.  Para los que tenían “alguien que les esperaba” era más fácil infundirles ese deseo por vivir pero había quienes no tenían nadie a quien acudir, ningún deseo de vivir.
Es así, por la propia experiencia vivida, que el autor propone la logoterapia.  Esta busca que la persona le encuentre un sentido o propósito a su vida y está enfocada en el futuro más que en el pasado.  Una gran parte de personas sufren de “vacío existencial” que no es más que la pérdida del sentimiento de que la vida tiene un significado.  Esto responde al por qué muchas personas están aburridas con sus vidas, y ese tedio por la vida los lleva a consultas psicológicas más que el propio estrés.  Hoy en día, contrariamente al constante estrés por trabajar largas horas, hay también una tendencia al ocio, pues la automatización que existe en casi todas las áreas de trabajo donde la tecnología muchas veces reemplaza al ser humano total o parcialmente.  Esto deja tiempo libre a la persona que si no sabe aprovecharlo, se convierte en tedio llevándolo a no encontrarle sentido a su vida.  Sin embargo, la persona que logra sacarle provecho a ese tiempo libre puede encontrar algo positivo a ese tiempo “muerto”.
Una de las formas en que se puede encontrar sentido a la vida es el amor, que es el único medio para llegar a conocer profundamente a una persona.  La otra forma de encontrarle sentido a la vida es por medio del sufrimiento, que es, el sufrimiento deja de ser sufrimiento cuando éste tiene un propósito, cuando es por ahorrarle dolor a otro ser al que amamos más que a nosotros mismos.  Ese amor sufrido lo puede entender muy bien una madre que da todo por sus hijos o cualquier ser humano que podría dar su vida por el ser amado.
 Conclusión
Dice Tomás Martínez Pérez en su ensayo sobre el tema: “Frankl describe a dos tipos de personas, las que se dejan tratar por la terrible tiranía para degradarse aún más y las que optaban por ser libres internamente; tomar una actitud optimista y no rendirse jamás.” A veces puede parecer que el pesimismo es la manera más realista y segura de ver la vida; al anticipar desilusiones, ya no pueden sorprendernos. Pero, ¿de qué sirve si a larga, es una visión que nos va a amargar la vida?
Como explica “El Hombre en Busca de Sentido”: las emociones, pequeñas o grandes, inundan al ser humano, no le da capacidad para algo más. Se pueden encontrar similitudes en el estado psíquico del prisionero del campo de concentración y el hombre contemporáneo, como es el cansancio, el evadir la realidad, la violencia, la apatía generalizada. Tenemos todo a la mano, hay miles de oportunidades, vives en una era de información, sí, ¿y? ¿En qué nos beneficia realmente? ¿Son los recursos, las oportunidades, la información, que queremos y necesitamos? Si todo esto no tiene una dirección, es como aventar libros a un perro y esperar que se convierta en erudito.
Por otro lado, en la era de la tecnología, que se supone que está ahí para conectarnos con el mundo, irónicamente, nos ha alejado. Generación tras generación, nos olvidamos de cómo se convive con otra gente, las amistades y relaciones con incluso la familia se vuelven superficiales. Están ahí, pero no los conocemos realmente, ni ellos a nosotros. Son fácilmente reemplazables. No comparten momentos o recuerdos, ya sea por la desconexión o el miedo a dejar la zona de confort, o porque, como la persona no importaba tanto desde un principio, las experiencias juntas realmente no valen. ¿Cuál es el punto de establecer este tipo de relaciones? Al final, rodeados de gente, esta situación nos deja más solos que nunca. Para hacer algo que valga la pena, debemos preocuparnos en pasar tiempo de calidad, compartir intereses y memorias, en conocer a quienes nos  importan más a fondo, pues solo así podemos apreciar la belleza interna de cada persona, con sus miedos, deseos, esperanzas y peculiaridades, y formar un lazo duradero que nos mantenga fuertes en la adversidad.
Opinamos que, si lo que uno busca ultimadamente es la felicidad, uno no puede confiar en la seguridad. Hay que correr riesgos, amar libremente, encontrar propósito y sentido a lo que hacemos día con día. Nadie dijo que sería sencillo.

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